Llevo más de tres meses tratando de establecer contactos que puedan ayudarme con mi tesis. Más de tres meses lanzando mensajes a cuanta persona se me cruza por enfrente.
Más de tres meses esperando encontrar la perla rara que pueda conducirme a aquellas con las cuales quiero hablar.
Más de tres meses soñando con un encuentro discreto, un rostro de mujer y una sonrisa de guerrera.
El sábado pasado la ví por primera vez, nos cruzamos en un tren.
Es joven, bonita y me escucha cuando hablo.
No tiene cicatrices en la cara, no tiene hombros cansados,
no tiene manos ásperas, ni huele a madera de hoguera.
Casualidad, destino?
Lleva el nombre de aquella que perdí en el fuego.